3/12/08

No hay palabras

Ayer ETA asesinó a tiros a un ciudadano anónimo.
Primero, me uno al pésame a su familia y amigos.
Y en segundo lugar quiero expresar mi más sincera repulsa a este asesinato, como al de todos los anteriores, que intentan mermar la libertad y minar el sistema democrático de nuestro país. Independientemente de las ideas de cada uno, nada se arregla así.

Ana y su botella

Abro el periódico y me encuentro con una de esas frases que rechinan en mis oídos y hacen historia. ¿Y de parte de quien vienen? Pues ni más ni menos que de nuestra querida Ana Botella, actual delegada del Área de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Madrid, anterior concejal de Asuntos Sociales y mujer del anterior presidente de España.

Según ella, el planeta (supongo que se refiere a la Tierra, aunque esta mujer bien podría venir de Urano) "está al servicio del ser humano porque el ser humano es el centro". Y esto dicho en el noveno Congreso Nacional del Medio Ambiente (CONAMA).
¡Toma, ahí es nada!
Esto como ir a un congreso de calvos e insistirles en que por qué narices no usan laca, que la laca está ahí para su servicio. De veras me sorprende (y ojo, hasta cierto punto envidio) la seguridad en sí misma que esta mujer debe de tener para pronunciar esta lindeza en el congreso de medio ambiente, que no nos olvidemos que no es un congreso de teología o filosofía. Pero bueno, supongo que en el fondo es bueno saber las opiniones que hay por el mundo para lidiar con ellas.

Así que queridas ovejas, gorilas, atunes rojos, demonios de Tasmania, tigres de Bengala, ranas y renacuajos y demás fauna y flora (aunque yo creo que para Ana solo existe la que Noé metió en el arca) que sepáis que estáis al servicio de Ana. Si Ana se acerca, ¡por favor!, parad de pastar, cazar, gandulear e id raudos y prestos a presentar vuestros respetos (una reverencia estaría bien). Y claro, al estar a su servicio, ella dispondrá de vosotros como le venga en gana.

Me asombra que en pleno 2008 aún queden personas que piensan que son el centro del universo y que defiendan que podamos hacer a nuestro antojo con el planeta lo que queramos.
Y además añade que no cree en las visiones "fatalistas y pesimistas” ya que se “ha avanzado mucho y a los que estén dentro de 10 años les parecerá que estábamos muy atrasados”.

Pues ahí estoy de acuerdo con usted. A los ciudadanos de dentro de 10 años, y a los de ahora, les parecerá que usted estaba en el Pleistoceno medio.

Querida Ana, si se ha avanzado mucho y se sigue avanzando es porque hay personas que están investigando y luchando para que el mundo sea mejor para las futuras generaciones; porque queda demostrado científicamente que el planeta no puede aguantar todos nuestros residuos y abusos. Puedo discutir que el calentamiento global no sea 100% producido por el hombre, pero lo que no discuto es que el planeta esté ahí para servirnos y que no nos alarmemos.

Es decir, que gracias a esas personas “pesimistas”, a las que yo mejor llamaría “optimistas”, ya que son las que apuestan por un mundo más limpio y compartido con los demás seres vivos, es por lo que se puede decir que hemos avanzado.

Pero sinceramente, lo que más me entristece es que usted nos esté representando, tenga ese cargo político y exprese esas ideas tan cerradas y con tanta falta de visión. Y no puedo dejar pensar, aunque quizás este siendo injusto y me deje llevar por el calentón del momento, que solo esta ahí por ser la “mujer de”, cuando hay dentro de su partido personas mucho mas preparadas para dicho cargo que usted (pero claro, no se les dio la oportunidad).

Atentamente.
Oscar, residente en Australia, donde no puedes ir a ningún sitio sin ponerte crema de protección solar porque el agujero de la capa de ozono hace que el cáncer de piel esté a la orden del día. Pero no hay que ser pesimistas, para nada, es un agujerín, un remiendo como el de los calcetines y se tapa.
Así que finalmente los calvos eran los sabios, ya que por no utilizar laca cuidan mejor de la capa de ozono.

Y aquí dejo la foto de la archi-enemiga de Ana Botella, que no es ni más ni menos que "Ana de la Tejas Verdes" (Anne of Green Gables)
Menos mal que mi generación creció con esta Ana que no enseñó a tener tejados ecológicos. ¡Qué sabia Ana de las Tejas Verdes! Y eso que ya promulgabas tus ideas hace más de 10 años.


1/12/08

Mi pueblo

Hoy hablaba con Vanessa por el messenger. Vanessa es de aquellas personas de las que tengo un recuerdo desde siempre. Y puede pasar el tiempo y los años, que cuando nos encontramos, parece que nos vimos ayer mismo. Y en cierto modo, nos sigo viendo como aquellos niños que iban en bicicleta de un lado a otro, o jugaban a las tabas o hacían cabañas con palos de madera.

Echo de menos esos veranos interminables en el pueblo de nuestros abuelos. El estar todo el día en la calle, cazando renacuajos en el pilón, yendo de excursión por el monte o simplemente sentados en cualquier lugar charlando y riendo. Cuando terminaba de cenar, siempre iba a buscar a Vane (éramos vecinos) y como Vane siempre ha sido muy lenta (sin acritud), siempre tenía que esperarla. Me sentaba con su familia y como uno más, mataba el tiempo hasta que ella estuviera arreglada. Al salir, teníamos que ir a buscar al resto, o bien, como muchas veces pasaba, el resto venía allí a esperar también.

Recuerdo con nostalgia el llegar a casa por la noche y que nuestras abuelas, tíos y tías estuvieran “tomando el fresco” en el poyo charlando animosamente. Los que no llegaban pronto, no tenían sitio en el poyo y no les quedaba más remedio que traer una silla de casa. Mi abuela, se llevaba hasta un cojín para estar de lo mas cómoda. Allí, cada tarde y cada noche se reunían todos los vecinos de “El Cerrillo”: la tía Martina, que yo siempre la he conocido con el pelo blanco y muy arrugada, pero eso sí, una mente rápida y un gran sentido del humor. Su marido, el tío Ángel, no muy hablador. La tía Hipólita, la abuela de “la Vane” y hermana de Martina. Mi abuela, a la que yo adoraba y con la que podía pasar horas y horas. Andrea, sobrina de Martina e Hipólita. La Pepa, andaluza emigrada a Castilla (aún recuerdo el día que se tiró el pedo más grande que yo he oído en mi vida. La tía Martina pensó que era una explosión de un petardo y se agarró a mi brazo corriendo. Qué risa aquella noche). Consuelo (la tía de Vane que todos los años nos llevaba al menos un día al campo), Pedro, Conchi y sus cuatro hijos, Emiliano, Jose (y el gato y el perro de Emiliano y Jose), mis padres (las veces que estaban en verano con nosotros en el pueblo), los padres de Vane, etcétera.

Recuerdo que nos sentábamos ahí, y o bien pedíamos que nos dejaran marchar otra media hora más (hasta las doce y media o una de la noche) o bien nos quedábamos escuchando y participando de la conversación. Nos echábamos unas buenas risas. Y todo terminaba cuando las abuelas decidían que hora de ir a dormir o bien antes de que la farola de “El Cerrillo” se apagara e hiciera mucho mas difícil el camino de vuelta a casa.

Qué veranos tan felices. Un abrazo para todos.