Días como los de ayer soy inconsolable. Mi cara me delata y en parte mejor, quiero ser delatado para compartir mi pena, que en días como ayer no sé muy bien ni cuál es. Pero eso es lo de menos; lo de más, es recibir palabras amables.
No sé si será el cansancio, la luna llena, este frío antártico que cala y congela las hormonas del buen humor o la combinación explosiva de los tres factores.
Días como ayer, quiero irme a la cama, taparme con las mantas y simplemente dejarme llevar, como si estuviera en mi propio mar de sábanas que me acogen y me hacen flotar.
Y en días como ayer, me ayuda conducir, sentir que al menos controlo mi coche, que si freno, éste se para y si acelero, avanzo. Me ayuda cantar, cantar a gritos en nuestro idioma canciones que me sé de memoria.
Me siento mejor si corro, parque arriba y abajo, cerca del agua, con el único sonido del lenguaje de los murciélagos que a saber qué se estarán diciendo.
Y de vuelta a casa, con los pulmones vacíos de cantar, los pies cansados de correr y tanto acelerar y frenar para sentirme mejor y hasta ya cansado de mí mismo de estar algo triste, paro en el supermercado y compro helado. Nada como helado. Y chocolate. Nada como helado y después chocolate.
Menos mal que no tengo muchos días como ayer.
Buen fin de semana.
No sé si será el cansancio, la luna llena, este frío antártico que cala y congela las hormonas del buen humor o la combinación explosiva de los tres factores.
Días como ayer, quiero irme a la cama, taparme con las mantas y simplemente dejarme llevar, como si estuviera en mi propio mar de sábanas que me acogen y me hacen flotar.
Y en días como ayer, me ayuda conducir, sentir que al menos controlo mi coche, que si freno, éste se para y si acelero, avanzo. Me ayuda cantar, cantar a gritos en nuestro idioma canciones que me sé de memoria.
Me siento mejor si corro, parque arriba y abajo, cerca del agua, con el único sonido del lenguaje de los murciélagos que a saber qué se estarán diciendo.
Y de vuelta a casa, con los pulmones vacíos de cantar, los pies cansados de correr y tanto acelerar y frenar para sentirme mejor y hasta ya cansado de mí mismo de estar algo triste, paro en el supermercado y compro helado. Nada como helado. Y chocolate. Nada como helado y después chocolate.
Menos mal que no tengo muchos días como ayer.
Buen fin de semana.