1/7/10

Zozobra

Días como los de ayer soy inconsolable. Mi cara me delata y en parte mejor, quiero ser delatado para compartir mi pena, que en días como ayer no sé muy bien ni cuál es. Pero eso es lo de menos; lo de más, es recibir palabras amables.
No sé si será el cansancio, la luna llena, este frío antártico que cala y congela las hormonas del buen humor o la combinación explosiva de los tres factores.
Días como ayer, quiero irme a la cama, taparme con las mantas y simplemente dejarme llevar, como si estuviera en mi propio mar de sábanas que me acogen y me hacen flotar.
Y en días como ayer, me ayuda conducir, sentir que al menos controlo mi coche, que si freno, éste se para y si acelero, avanzo. Me ayuda cantar, cantar a gritos en nuestro idioma canciones que me sé de memoria.
Me siento mejor si corro, parque arriba y abajo, cerca del agua, con el único sonido del lenguaje de los murciélagos que a saber qué se estarán diciendo.
Y de vuelta a casa, con los pulmones vacíos de cantar, los pies cansados de correr y tanto acelerar y frenar para sentirme mejor y hasta ya cansado de mí mismo de estar algo triste, paro en el supermercado y compro helado. Nada como helado. Y chocolate. Nada como helado y después chocolate.

Menos mal que no tengo muchos días como ayer.
Buen fin de semana.

27/6/10

Bondades

"Siempre he confiado en la bondad de los desconocidos", tal y como dice Blanche de Bois en "Un Tranvía llamado Deseo" de Tennesse Williams. Pese a lo que podemos leer diariamente en los periódicos, creo que el ciudadano medio de a pie es más benévolo de lo que se nos pinta en la página de sucesos.
Y evidentemente un desconocido no nos va a comprar una casa (viéndolo así, tampoco un conocido), pero me encantan esos pequeños gestos de bondad que muchos regalan. Y esto viene a que un compañero del trabajo, al que casi no conozco, me ha sorprendido tan gratamente por su ayuda y gran dedicación de su tiempo, que me siento emocionado.
Sólo era eso, compartirlo con vosotros.
Que tengáis una buena semana
Óscar P.C.

24/6/10

Mundo de cristal

Nos acostumbramos rápidamente a nuestras circunstancias y a lo que estamos viviendo en el momento. Cuántas veces me ha pasado que he llegado a una nueva ciudad o destino de vacaciones y tras unas horas he tenido la sensación de haber estado allí por años. Para todo hay extremos, y siempre recuerdo con una sonrisa aquella célebre frase de mi amiga Mónica, que nada más llegar a Sydney y tras breves horas en mi casa me comenta, todo resuelta y convencida ella: "¡Hay que ver! tus compañeros de casa no están nunca aquí".

Pero tan rápido como nos construimos nuestra realidad, ésta puede desaparecer. Y supongo que el ciclo vuelve a empezar y volvemos a acostumbrarnos a nuestro nuevo entorno. Simplificando, la vida es como una de esas bolas de cristal con purpurina o nieve artificial con nosotros dentro. De vez en cuando se agita y desbarata todo para en pocos momentos volver a la calma.

Lo malo es que yo me he acostumbrado a la calma, y no quiero que alguien agite la bola ahora.

Un besote enorme para todos y feliz fin de semana.
Óscar P.C.