27/6/10

Bondades

"Siempre he confiado en la bondad de los desconocidos", tal y como dice Blanche de Bois en "Un Tranvía llamado Deseo" de Tennesse Williams. Pese a lo que podemos leer diariamente en los periódicos, creo que el ciudadano medio de a pie es más benévolo de lo que se nos pinta en la página de sucesos.
Y evidentemente un desconocido no nos va a comprar una casa (viéndolo así, tampoco un conocido), pero me encantan esos pequeños gestos de bondad que muchos regalan. Y esto viene a que un compañero del trabajo, al que casi no conozco, me ha sorprendido tan gratamente por su ayuda y gran dedicación de su tiempo, que me siento emocionado.
Sólo era eso, compartirlo con vosotros.
Que tengáis una buena semana
Óscar P.C.

24/6/10

Mundo de cristal

Nos acostumbramos rápidamente a nuestras circunstancias y a lo que estamos viviendo en el momento. Cuántas veces me ha pasado que he llegado a una nueva ciudad o destino de vacaciones y tras unas horas he tenido la sensación de haber estado allí por años. Para todo hay extremos, y siempre recuerdo con una sonrisa aquella célebre frase de mi amiga Mónica, que nada más llegar a Sydney y tras breves horas en mi casa me comenta, todo resuelta y convencida ella: "¡Hay que ver! tus compañeros de casa no están nunca aquí".

Pero tan rápido como nos construimos nuestra realidad, ésta puede desaparecer. Y supongo que el ciclo vuelve a empezar y volvemos a acostumbrarnos a nuestro nuevo entorno. Simplificando, la vida es como una de esas bolas de cristal con purpurina o nieve artificial con nosotros dentro. De vez en cuando se agita y desbarata todo para en pocos momentos volver a la calma.

Lo malo es que yo me he acostumbrado a la calma, y no quiero que alguien agite la bola ahora.

Un besote enorme para todos y feliz fin de semana.
Óscar P.C.

31/3/10

De cena

Mi día se hace más interesante cuando hay un evento al final de éste al que estoy deseando asistir. Karla nos había invitado a cenar, a unas buenas amigas suyas de México, madre e hija y recién nacida nieta, y a mí. Una cena íntima.
Salí del trabajo, fui a casa a coger el coche y me dirigí al súper. Postre, una botella de vino, y unas flores. Me encantan las flores y más regalarlas.

De camino, ventanilla completamente bajada, el aire del anochecer salpicándome y los acordes de la siempre despechada “Paquita la del barrio” saliendo por los altavoces, disfruté como nadie de la conducción en un Sydney, como siempre, atestado de coches. Aparcar nunca ha sido mi fuerte, así que tras pelearme con el bordillo, el coche de atrás y la marcha atrás del mío, logré estacionar más o menos bien.

La cena, deliciosa. Mi amiga, como siempre, calurosa anfitriona. Me entusiasmó lo relajado y especial de la relación de madre e hija y ahora, nieta. Me gustó escuchar las historias de ambas, cómo cada una hacía sus especiales aportaciones de recuerdos y opiniones a la historia relatada por la otra, sin ningún reproche si algo se había contado no tan fielmente como la otra lo recordaba, sino con complicidad. Y me encantó cómo, con la nena en el regazo, ella, a sus cuatro meses, miraba atenta, sabiéndose futura partícipe de esta unión.

Qué especiales son los puentes de relaciones que las personas trazamos de unos a otros, puentes que a medida que se caminan de un lado a otro, se van reforzando en esa mencionada complicidad, en confianza y en amor. Y es bonito ser también espectador y observarlo en otros.

Feliz Semana Santa.
Happy Easter.

Oscar. P.C.